Puaj, me repudio cuando por cosas de la vida se me sale un "parce". Bueno, en otras noticias.
La semana pasada leí una frase que causó un particular interés en mí, bueno, fue una frase que me dejó pensativa recién la leí: "[...] para que la ciudad pueda existir, para que pueda salvarse, le hace falta la verdad. Pero la verdad no pudo decirse en un campo político definido por la indiferencia entre los sujetos hablantes. [...]" p. 56*
No vengo aquí a hablar de política, si bien no niego que el ver el juego del poder puede ser interesante, no entra en mis temas predilectos, y creo que ya se deja obvia mi afición al sujeto. Pero, podemos cambiar aquí el objeto a análisis. ¿Por qué no? el propio autor nos comenta el cambio de enfoque de la polis a la psikhé (alma) en su escrito sobre la parrhesía (hablar francamente).
Pero, sigue en duda el por qué esa frase se quedó en mí... así que prosigo, y claro, relacionándolo con las palabras que precedieron y antecedieron las aquí citadas, me parece interesante ese juego que se da con "la verdad". No creo en una verdad, y me resisto a considerar varias verdades, ya que es flexibilizar mucho el término, pero, el autor no nos habla de una verdad universal e irrefutable, sino lo que los individuos o grupos que investiga consideraron verdad. Aún cuando me niego a admitir la palabra, tengo "verdades" (en el sentido amplio del término), y eso que soy consciente de lo falibles que pueden ser, pero, en algo debo creer. El ver la vida moderada como una vida de virtud es una de ellas, o el escoger la honestidad como camino a tomar también lo es, y dado que no analizaré los grupos que el autor investigó, sino que abarcaré el yo y lo que le incumbe, mi "verdad" aquí descrita irá en torno a eso: Al camino de la honestidad.
Volvamos con la frase. El punto que más llama mi atención es el nombramiento de la "indiferencia". Acto inmediato, representé en mi mente mis relaciones con los demás (dado que los objetos no pueden presentar indiferencia) y traté de comparar a través del papel de la indiferencia. Claro, ya había notado como la indiferencia del otro logra aburrirme, pero, lo vi un poco más allá, o un poco más acá, o no vi nada importante, no sé, la cosa es que formulé una pregunta para un hipotético interlocutor: "¿Y tú, a qué le eres indiferente?".
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martes, 13 de noviembre de 2012
miércoles, 22 de agosto de 2012
Indiferencia
Dicen que lo contrario al amor no es el odio, sino la indiferencia. Es una frase que leí ya hace mis buenos años y soy partidaria de la misma.
Antes de iniciar el tema, quiero dejar por claro que, en mi parecer, las características humanas no son asuntos que se comprendan aisladamente, sin interacción entre ellas o sin aparente conexión, sino como un sistema, un entramado conectado con coherencia, o al menos así lo veo yo, por lo que asuntos como la indiferencia tienen mayor albergue que una llana descripción en la RAE de lo que pueden significar. Obviamente, no describiré la palabra en todas las situaciones, sino que daré énfasis a aquellos asuntos que me atañen.
Diría yo que somos como una paleta de colores en cada característica, padeciendo cada una de ellas, pero, reconociéndose por la intensidad de cada cual. Es algo normal, porque no estamos en blanco y negro para que se diga que se es o no se es, somos más bien policromáticos. Más, soy también partidaria de las generalizaciones, no iniciando la frase con un "todos los..", pero sí con un "la mayoría de los..." por lo que cuando la balanza se inclina para un lado, para mí, representa una categoría, por lo que esas características se pueden cargar sobre alguien.
Antes de iniciar el tema, quiero dejar por claro que, en mi parecer, las características humanas no son asuntos que se comprendan aisladamente, sin interacción entre ellas o sin aparente conexión, sino como un sistema, un entramado conectado con coherencia, o al menos así lo veo yo, por lo que asuntos como la indiferencia tienen mayor albergue que una llana descripción en la RAE de lo que pueden significar. Obviamente, no describiré la palabra en todas las situaciones, sino que daré énfasis a aquellos asuntos que me atañen.
Diría yo que somos como una paleta de colores en cada característica, padeciendo cada una de ellas, pero, reconociéndose por la intensidad de cada cual. Es algo normal, porque no estamos en blanco y negro para que se diga que se es o no se es, somos más bien policromáticos. Más, soy también partidaria de las generalizaciones, no iniciando la frase con un "todos los..", pero sí con un "la mayoría de los..." por lo que cuando la balanza se inclina para un lado, para mí, representa una categoría, por lo que esas características se pueden cargar sobre alguien.
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