Dicen que cuando pasas el tiempo con alguien que realmente te agrada, el tiempo se pasa volando, y no lo niego, es verdad, puedo hablar horas con "mi mejor amigo" (no sé cómo llamarle xD no lo quiero clasificar allí, y me sentiría rara el llamarle "la persona que más aprecio que no comparta vínculo sanguíneo") y no me percato del tiempo; también allí están esos momentos de telenovela, en donde ese escenario con esa persona especial termina con prontitud y uno quiere soltar un "No te vayas todavía..." y luego que pase un momento cursi. Y justo un recuerdo desfila en mi mente: La noche en que caminaba con un paraguas con David, mientras trataba de hacer lentos mis pasos o que nos perdiéramos en el camino, para así tomar más de su tiempo. No sé si ese momento lo recuerde en mi actualidad por el poco coraje que tuve, ya que ahora no me cuesta decir "No te vayas todavía". ¡Mi primera obsesión! que lejana me parece ahora, y sé que ahora debo esperar...
Después de las dos veces que citaron al Principito en el libro de Tamaro y de las constantes citas que un día cualquiera hicieron en
Ateísmo Brillante una noche cualquiera, me decidí a leerme el susodicho libro de Saint-Exupéry, ya que no parecía tan infantil como yo creía.
La primera sorpresa fue lo corto que era, además de que su lenguaje era simple, por lo que antes de dormir pude leerlo. Pero, el libro no hace distinción por su longitud o por su léxico, sino por su contenido. A diferencia de lo que creía, no es un libro para niños, sino un libro para personas.