Hoy no he escrito en mi nuevo "diario". Me he dado pronto un día de vacaciones, pero, puede contar como aportación la entrada virtual, que en parte también requiere tiempo aunque no lo parezca. Bueno, el tema hoy abarcado lo he tomado de allí.
Mi cilantro, mi pequeño cilantro, ya no se ve. Murió, probablemente, y yo le sepulto simbólicamente mientras planto otra semilla a su lado. Creo que terminé definiéndome por un cilantro antes que por un bonzai porque el primero crece con rapidez, y la paciencia no es un don que he desarrollado, aún cuando tendré que enfocarme a ella. Aumentando la lista de mis desgracias está mi profunda iliquidez económica, que se presente como consecuencia a mi desempeño en la única obligación que mis padres me han dado, que es el estudio, asunto que no profundizaré hoy. ¡Iniciemos tema entonces!
Cuando la monotonía irrumpe y se hospeda en las personas, éstas optan por combatirla con modelos ajenos o externos a ellos: los famosos deportes extremos. Una búsqueda incesante de adrenalina para sosegar esa insatisfacción interna... no muy diferente a la situación planteada por Avril Lavigne en "Anything but ordinary".
Aún cuando estoy cayendo en posibles prejuicios, me parece que ese no debe ser el modo de combatir ese vacío que alberga el alma, caracterizado por todos los días hacer y sentir lo mismo, donde no hay espacio para la novedad. Como dije, algunas personas eluden el mirar en introspectiva y, para solventar este mal temporalmente, se inscriben a "arriesgadas" actividades que les permita sentir a intensidad. Y repito, que se me excuse mi impertinencia, pero, considero que si tienes dinero, éste es un método facilista ¡es mucho más fácil enfrentar las cosas a modo de choque -y bajo métodos externos- que a proceso! porque éste último requerirá constancia, y como decía Victor Hugo "La mayoría de los hombres no carecen de fuerza, sino de constancia " (Sí, sé que ya cité la frase en la entrada Valores, pero, vale la pena repetirla).